¿Se Debe Acabar Avianca?


Modelos Fallidos
Quienes estudian el comportamiento humano saben que los idealismos en gran medida resultan de la influencia de aspectos como el entorno cultural, la política, o la educación, con lo cual la capacidad de aceptar una forma diferente de pensar recae fundamentalmente en la estructura formativa de una persona.

Dentro de ese contexto, encuentra uno contradicciones en el planteamiento de algunos ideales, como los que quisieran ver implementadas políticas de corte socialista que parten de supuestos como el que les parece bien lo que sucede en Venezuela, desconociendo que allí se experimenta en la práctica un régimen de corte totalitario, pero critican el modelo de derecha que ha prevalecido en Colombia, entendido como el opuesto, sin darse cuenta que ambos sistemas se asemejan.

Los opuestos son parte de la naturaleza humana, tanto como los discursos que se alinean en uno u otro bando. Este último ha sido una práctica milenaria de uso indiscriminado con el que, entre otras, se consiguen adeptos. Esta bien cuando es usado siguiendo patrones de buenas costumbres, pero no es coherente y se pierde credibilidad cuando por un lado se critica un sistema por determinados actos, haciéndose por el otro lado el de la vista gorda cuando el sistema con el que se es afín hace exactamente lo mismo.

Desde distintos escenarios, he expresado mi postura respecto de lo que considero ‘modelos fallidos’; tal es el caso de lo que sucede en los dos países arriba citados. No obstante, es claro que hay una diferencia importante en las actuales políticas económicas que practican ambas naciones, aunque bastante similares en temas como la corrupción.


Sociedad de Libre Mercados
Con todo y sus imperfecciones, el modelo de sociedad de libre mercados deja al descubierto alrededor del mundo más aciertos que fracasos, incluido el tema de las libertades. Con políticas de control más efectivas, en los países desarrollados de modelo capitalista el crecimiento económico es mucho más evidente que el de los países en vías de desarrollo, especialmente porque la distribución de riqueza se ve estancada en los segundos no por el modelo en si, sino por la altísima corrupción y la baja educación.

La crisis sanitaria del 2020, sin embargo, dejó al descubierto no solo la afección que produjo la pandemia, sino la enfermedad y los problemas de fondo del modelo económico capitalista al rededor del mundo. Sin lugar a dudas, vivimos, como se ve expresado últimamente en redes sociales, a merced de “la dictadura del capitalismo”; y yo también agregaría la avaricia y actividades criminales en la que muchas veces caen los arquitectos de Wall Street. Se habla hoy con mayor frecuencia de propuestas económicas pospandemia, aunque no parece claro qué soluciones de beneficios generales implementar, ni mucho menos líderes que estén dispuestos a asumir los retos. Lo que si no deja dudas es que patrocinar la destrucción de lo que hasta ahora se ha construido, como proponen algunos, resulta fácil decirlo, aunque en la práctica un remedio que a mi juicio resultaría peor que la misma enfermedad.

El orden económico es un asunto complejo, y no es mi propósito ahondar aquí sobre él. Pero me llama la atención que muchos discuten sobre el tema sin tener conocimientos básicos de finanzas. Por un lado, soy de los que creen que hay que saber como poner el dinero a trabajar para uno, y no al contrario; pero para llegar allí se necesita adquirir conocimientos acerca de cómo funciona este y cómo funciona la economía. Por el otro, hay que saber planear estrategias tendientes a conseguir los mejores dividendos. Me parece por tanto que es mejor propiciar cambios sobre la base de lo bueno que tiene un sistema, antes que apostarle a uno modelo nuevo o disruptivo de pronóstico incierto.


Posicionamiento Estratégico
Las discusiones sobre el tema de la compañía Avianca, a raíz de la crisis de las aerolíneas generada por la pandemia, parten de sentimientos primarios que en poco contribuyen a la búsqueda de estrategias sobre lo que más conviene. Creer que es mejor que se acabe para que en su lugar se formen otras empresas es miope, por cuanto desconoce la realidad de cómo funciona el negocio de la aviación comercial en el mundo. En las condiciones actuales, perder el posicionamiento estratégico que tiene Avianca (en un mercado tan pequeño como el colombiano) seria una muy mala noticia para el país. La segmentación del mercado, con nuevos actores como proponen algunos, en un negocio tan competitivo, con márgenes tan pequeños y altísimos costos de operación, nos regresaría a las épocas donde la calidad del servicio era pésima.

Se critica que Avianca no le paga al país los impuestos que deberían (las grandes empresas se especializan en estudiar los códigos de impuestos y encontrar en los loopholes factores de beneficio), pero es un generador de riqueza por dónde se le mire. No es sino observar toda la cadena productiva, desde su planta de personal —mayoritariamente colombiana que pagan importantes impuestos—, hasta la cadena de valor inserta en los servicios externos que contrata. No se necesita ser un experto para saber que todo ese engranaje, lo que yo llamo generación de riqueza, se irriga en la economía del país.

Aclaro que no hago esta nota en defensa de Avianca, aún sabiendo que tengo familiares que trabajan allí y que la consideran incluso una gran empresa, sino para hacer notar que en las discusiones en torno a la ayuda que le han solicitado al gobierno no caben asuntos emocionales, sino los argumentos y consensos estratégicos. La posición dominante de los operadores de la aviación comercial tiene actores estratégicos en todo el mundo, y con el que le hacen frente a la competencia: Francia con Air France, Alemania con Lufthansa, Inglaterra con British Airways, Chile con Latam, Mexico con Aeromexico, y en EEUU, por el tamaño del mercado, varias, pero con American, Delta y United Airlines a la cabeza. Eso no quiere decir que los dueños de esas empresas necesariamente sean de los países donde tengan sus operaciones principales. Y en un escenario globalizado como en el que estamos, los inversionistas provienen de muchas partes del mundo, aunque eso tampoco hace a las empresas de dónde venga el inversionista.


Lo que Creo Debería Hacerse
Muy a pesar de los pasos en falso y ajustes que han afectado la imagen del servicio con el que históricamente se le conoció, Avianca es una empresa nacional con un enorme historial. Cotiza en bolsa, tanto en Colombia, como en New York, por tanto se considera una empresa pública. Es un activo de todos. Entiendo las prioridades que se deben tener en medio de las complicaciones de la coyuntura actual. Sin embargo, un gobierno responsable debería ser capaz de diseñar mecanismos para ayudarle a salir adelante, y sobre todo proteger a sus trabajadores. Lo cierto es que lo mejor sería propiciar ambientes que le apunten a estrategias de solución donde queden planteados todos los factores que contribuyan a superar las dificultades, sin descuidar lo que integralmente le convenga más a la nación.

¿Iniciará Bogotá la Construcción del Metro?


Dos cosas llaman la atención de la otrora Atenas-Suramericana. Una es que ha estado de malas, en especial debido a que en los últimos cincuenta años sus líderes no han podido articular un sistema para solucionar uno de los principales problemas que afronta la ciudad de Bogotá: su caótica movilidad. La otra es que los contribuyentes hemos invertido millonarias sumas de dinero en estudios, uno tras otro, sin que alguno haya servido para destrabar la urgente necesidad de construir un verdadero sistema de transporte masivo que solucione de forma digna la manera de movilizarse. El mal funcionamiento de la ciudad, en especial debido a la falta de un sistema de transporte tipo Metro, se ve reflejado en el hecho de que la ciudad es catalogada como una de las más congestionadas del planeta, lo cual hace que se siga afectando la calidad de vida de sus habitantes. Tal situación pronostica un aumento en los gastos asociados a la salud pública, por lo que los presupuestos para cubrir esos costos tendrán que ser incrementados.

El curso de la historia no parece que cambiará en los años por venir. Comprometido con una promesa de campaña, el alcalde Peñalosa, a regañadientes, pretende invertir 13,8 billones de pesos en la construcción de la primera línea del metro, a pesar de que es un sistema en el que no cree, como lo ha sostenido históricamente. En uno de sus primeros actos de gobierno, luego de asumir la administración del distrito para el período 2016-2019, anunció que se necesitaban más estudios para el diseño, implementación y construcción de la primera línea, aunque el último, realizado durante la alcaldía de Gustavo Petro, había alcanzado un nivel de avance importante, y en la práctica un punto de no retorno. Una maniobra que dejó la sensación de querer dilatar un proceso que contaba incluso con el aval del Banco Mundial. El anuncio vino acompañado de la noticia de que se construirían nuevas troncales del sistema de buses articulados (TransMilenio), también conocido como BRT (Bus Rapid Transit), y que es el sistema en el que sí cree.

Mucho se ha hablado del conflicto de intereses que tiene el alcalde en relación a su clara intención de prevalecer el sistema de buses articulados por encima de un sistema Metro. Lo anterior es producto de los honorarios que especialmente como conferencista ha recibido por su participación en distintos foros internacionales, y donde promueve soluciones como el primero. Eso no tendría nada de particular si no fuera porque tales eventos son patrocinados por la empresa multinacional Volvo, que como se sabe son los proveedores de la marca de buses que más se utilizan en este tipo de sistemas, especialmente en Colombia.

Para justificar la decisión de un nuevo estudio, el alcalde Peñalosa argumentó que un metro subterráneo, que es la manera como quedó estructurado en el anterior, es demasiado costoso, y por el contrario una solución elevada resulta más económica.

El anterior argumento puede resultar cierto, dandole un primer vistazo. Pero hay varios aspectos que se pasan por alto, y que merecen una mirada distinta.

En la práctica, es cierto que un kilometro de vía elevada es más económico que su equivalente al de una solución subterránea. Pero lo que el alcalde Peñalosa omite de manera cuidadosa, en defensa de su propuesta, es lo que resulta de la experiencia nacional e internacional sobre las soluciones elevadas: el deterioro del entorno, y el perjuicio que ello le ocasiona al espacio público, el valor de la tierra y las propiedades, sin hablar de la contaminación visual. No es difícil predecir que si el valor de la tierra sufre una afectación, que es lo más seguro que suceda, también así el distrito vería disminuido sus ingresos por concepto de impuestos en los años por venir.

Campo de Migrantes viviendo debajo del metro de Paris. Imagen tomada de Internet.

Lo anterior me lleva a pensar que un aspecto clave para la toma de esa decisión debería haber considerado no el costo inicial de la obra, sino el costo-beneficio de la misma. Basta con echar una mirada a lo que acontece en la parte inferior de los corredores viales al rededor del mundo para concluir que el deterioro que se produce, incluyendo la afectación en el valor de la tierra, es incalculable. Para no ir tan lejos, la ciudad de Medellín ha contemplado, a raíz de esa problemática, optar por una solución subterránea: “En 15 años metro de Medellín rodaría debajo de la tierra”, (El Tiempo, 14 de Octubre de 2014). Los expertos en la empresa de transporte del Aburrá, únicos en el país con tal experiencia, consideran esa alternativa como una buena opción.

De lo anterior se desprende que los sistemas elevados demanden no solo un control riguroso del espacio público, sino la necesidad de incorporar en los presupuestos anuales el costo de lo que implica revitalizar la inexorable consecuencia del deterioro, además de los costos asociados a seguridad, porque se sabe también que la parte inferior de los viaductos son apetecidos por la delincuencia. Visto así, el valor por kilometro resulta más elevado.

Y es aquí donde se centra la verdadera discusión. Para un proyecto de la magnitud de un sistema como el Metro se deben considerar todos los aspectos relacionados (directos e indirectos), y no, necesariamente, basar la decisión en el costo inicial de la obra. Además de todas las consideraciones técnicas, debe producirse una planificación estratégica, con modelos que se pueda proyectar en el tiempo, incluyendo la incorporación de todos los riesgos asociados a él. Pretender ocultar la realidad en cuanto a las inversiones que se tendrían que acometer para mitigar el impacto que tendría un sistema elevado resulta, por tanto, dicicil de comprender.

Otro hecho que viene a agravar el asunto tiene que ver con el deficiente inventario de redes de servicios subterráneas con las que cuenta la ciudad, muchas de las cuales tendrían que ser intervenidas ante la alternativa del metro elevado. Cabe recordar lo que sucedió con el deprimido de la calle 94: La obra no solo tomó más de ocho años de lo planeado, sino que por todos los imprevistos que se presentaron terminó costando 3,6 veces más de lo presupuestado inicialmente. El problema no terminó con la inauguración de la obra, sino que por la modificación de las redes existentes, tengo conocimiento que cada vez que se presentan fuertes aguaceros los sótanos de algunos edificios cercanos al entorno se ven afectados por las inundaciones que se presentan, lo que tiene al distrito, a menos que se tomen los correctivos, ad-portas de demandas millonarias.

Inundación en el deprimido la la calle 94, Bogotá D.C. Imagen tomada de Internet.

Osea que una cosa es lo que pudieran indicar los presupuestos iniciales y otra muy distinta lo que terminaría costando la obra en el tiempo. Esa condición de incertidumbre e imprevistos se podría minimizar con una solución subterránea. La razón de lo anterior se basa en que desde el punto de vista de ingeniería, el túnel, que entre otras cosas no se haría a cielo abierto —lo que implicaría una baja afectación al caótico tráfico vehicular—, se puede llevar a una cota que no solo sea la más segura desde el punto de vista estructural, sino donde no se afecte (o se afecte muy poco) la red existente de servicios públicos. Es decir, el túnel se podría construir por debajo del nivel de las redes, utilizando tecnologías de punta, como el Tunnel Boring Machine (TBM). En este caso, siempre que se consigan realizar los estudios pertinentes, incluyendo unos buenos estudios de suelos, y poner en práctica una acertada planificación estratégica, se podría conocer con un alto grado de precisión el costo de la obra.
Vista de un Tunnel Boring Machine (TBM). Tomado de Internet.

Una de las inconsistencias que más llama la atención es la intención del burgomaestre de convertir el metro en un alimentador del sistema de buses articulados. Ambos sistemas se complementan, como sucede en Medellín. Pero no parece lógico proponer un trazado por la misma ruta por donde ya está funcionando el sistema articulado, como lo propone el alcalde. Es un error. Ello en virtud del equilibrio que debe existir para que ambos sistemas sean viables y sostenibles en lo económico, por lo tanto hay que evitar que se hagan competencia.

Soy un convencido de la necesidad de promover sistemas de transporte masivos que contribuyan al bienestar, pero que sean amables y amigables con el medio ambiente y la sostenibilidad del planeta. Desafortunadamente, TransMilenio no es lo uno, ni lo otro. Demostró en la práctica dificultades de fondo, especialmente porque ha querido venderse —o imponerse— como un sistema de transporte masivo que no puede ser.

TransMilenio es una buena solución que resuelve parcialmente la caótica movilidad que tiene la ciudad. Pero la verdad es que es un sistema que probó tener problemas estructurales, y al que particularmente pensaría dos veces en volver a utilizar no solo por el incómodo y deficiente diseño de la mayoría de sus estaciones, sino porque dista mucho de ser un sistema amable, donde se experimente confort, o se respete la calidad de vida de los usuarios.

Vista de la congestión permanente en TransMilenio, Bogotá. Tomado de Internet.

En distintos foros y entrevistas Peñaloza ha sostenido que TransMilenio transporta más personas que un Metro. Para sustentar el argumento realiza una aritmética mediocre, como la que con menos plata construye más troncales del primero, e insiste en que «es un sistema de transporte masivo».

La única verdad por la que TransMilenio «transporta más pasajeros hora sentido» es porque la ciudad no cuenta con un verdadero sistema de transporte masivo, y fácil es realizar una comparación que cae en el terreno de lo teórico, porque en la realidad no existe el medio que confronte tal posición.

Lo cierto es que el sistema de movilidad, en especial de Bogotá, debe girar en torno a un Metro como eje principal de transporte masivo, y complementarse con sistemas tipo TransMilenio, Tranvías y Metro cables, cómo ya probó la ciudad de Medellín. Todo lo anterior debe articularse con un sistema de rutas de buses (que todavía no existe en la ciudad) bien pensadas, planeadas y estructuradas de tal manera que alimente o complemente a todos los anteriores.

Creo además en la necesidad de poner en práctica aspectos (aún sin implementar), como los que señalé en el artículo El Diseño Como Eje Articulador de la Sociedad, resaltando la falta o fallas que existe en las soluciones de diseño —especialmente en todo lo que tiene que ver con el diseño de las vías—, la ausencia de estándares, o la necesidad de eliminar las rutas de buses tipo spaghetti que circulan por la malla vial, con lo cual mejoraría sustancialmente la movilidad. Esos aspectos deberían estar enmarcados dentro de un esfuerzo de renovación urbanística pensados para mejorar la movilidad urbana, el buen funcionamiento de la ciudad y reducir la desigualdad social.

De otro lado, todo esfuerzo que se dedique en remplazar la energía que provine de medios fósiles por una más limpia y amigable con el medio ambiente lo van a agradecer las presentes y futuras generaciones.

Embarcarse en un proyecto de la magnitud del Metro que requiere la ciudad de Bogotá es sin duda una reto que va a energizar la vida urbana de la capital. Un proyecto público de tal magnitud debe ser motor de desarrollo, y debe contribuir al bienestar. De su acertada elección, y en especial de una adecuada planificación y gerencia, dependerá que los inversionistas privados, como propulsores dinámicos y socios estratégicos en la generación de progreso y riqueza, se interesen en el desarrollo de proyectos a lo largo de su recorrido.

A estas alturas, sea subterráneo o sea elevado, lo único cierto es que el inicio de esta magna obra no da más espera. No vaya a ser que nos pasemos otros cincuenta años realizando estudios que no llegan a ninguna parte, o que la disminución en los tiempos de recorrido de los capitalinos quede consignado en teorías, o reducido solo a una utopía.

Medellín, Razones que la Consolidad como la Ciudad Innovadora

Medellín, Colombia. Foto By JC
Comenzó a circular por las redes sociales una campaña de desprestigio, y me temo que vendrán peores. Me gustaría, en ese respecto, mencionar lo que todo el mundo sabe: que esos mensajes son el producto de la campaña sucia que ya se inició, especialmente porque, como se conoce, el ex-alcalde y ex-gobernador de Antioquia va liderando las encuestas de intención de voto presidencial. Me recuerda a lo que le hicieron al profesor Mockus en la campaña presidencial del 2010 para hacer elegir al tristemente celebre presidente que hoy tenemos. ¿Se repetirá la historia?

Los mensajes buscan desprestigiar un trabajo, pero la verdad es otra muy distinta. El éxito indiscutible que tiene hoy Medellín, y por extensión su departamento, tiene un personaje que yo considero “el arquitecto principal de la revolucionaria transformación que ha tenido la ciudad”. Se trata del PhD en Matemáticas Sergio Fajardo.

No hay otra ciudad en Colombia que haya entendido y creado los procesos estandarizados, organizados, y, en especial, los procesos de ‘sistematización’ (al mejor estilo de las grandes capitales del mundo) como los que tiene implementados Medellín, por lo cual el reconocimiento que tiene, convertida hoy en referente mundial. Nada menos que en una competencia que organiza el Urban Land Institute, se ganó en el año 2013 el premio como la ciudad más innovadora del planeta y en el 2016 el premio Lee Kuan Yew, también conocido como el “Nobel” en urbanismo de las ciudades, otro premio internacional que reconoce su proceso de transformación social y urbana.

Medellín, Colombia. Foto By JC
Todo esto no debería prestarse a discusión, excepto por el hecho de que como se sabe Colombia es un país complejo y pareciera que la violencia e intolerancia forman parte del ADN de las personas. Sin embargo, es claro que los estados violentos inscritos en las páginas de nuestra historia han obedecido fundamentalmente a temas económicos y de poder. Llama la atención, como lo demuestra un estudio reciente, que ocupamos un deshonroso quinto lugar en el mundo en cuanto a concentración de riqueza, medidos en términos de lo que poseen los cinco hombres más acaudalados de cada nación en % del PIB, y que en el caso de Colombia es del 12.5% (esa cifra en el caso de EEUU no supone más del 2.1% del PIB). Se sabe que no ha habido un gobierno en el pasado que haya intentado reducir tal porcentaje en el camino hacia un mayor equilibrio social. Muchos de los lideres que promueven el continuar la guerra, o el temor por la amenaza “castrochavista” (que en la realidad es un invento de la derecha) no lo hacen por temas ideológicos, ni para "defender los intereses de la patria", sino para que no cambien las estructuras del poder. Apelan a uno de los instintos más arraigados en los seres humanos, como el temor por lo diferente, o lo nuevo. Saben explotar el miedo y las convicciones ideológicas de muchos, vendiendo un discurso que explota cierta "vulnerabilidad en psicología humana". Y con todo y los problemas de corrupción que agobian al país, con seguridad que el establishment intentará llevar al poder a un representante de las ya fracasadas políticas nacionales, y peor aún si se trata de alguien sin experiencia.

Es por ello que el papel de una prensa autocrítica y responsable se vuelve de una transcendencia coyuntural, toda vez que está demostrado como los populistas, vendiendo mentiras, se valen de ella para alcanzar sus objetivos. También se conoce el modus operandis de delincuentes que inundan las redes con noticias falsas, con lo cual manipulan a grandes grupos de personas logrando que hagan lo que ellos quieren.

Medellín, Colombia. Foto By JC
Es indiscutible que Medellín le sacó años luz al resto de las ciudades en Colombia gracias a sus procesos, la continuidad de sus políticas, a buenos gobiernos, pero en especial a Fajardo, quien no solamente fue galardonado en el 2009, junto al arquitecto Alejandro Echeverri, con el Curry Stone Design Prize (un premio que destacó el audaz y ambicioso plan de obras públicas), sino quien supo además articular la transformación de la ciudad a través de campañas exitosas, como “Medellín la más Educada”. Todo esto lo digo con conocimiento de causa, porque por más de cuatro años estuve con otros colegas y estudiantes de la escuela de arquitectura de la Universidad del Norte adelantando en dicha ciudad actividades académicas, y con quienes analizamos y estudiamos el fenómeno de la capital paisa.

Medellín, Colombia. Foto By JC
No todo allí es perfecto y todavía falta mucho trabajo, y seguramente que el ex-alcalde tendrá sus defectos, como los tenemos todos, pero por lo que me consta, pienso que si el país quiere un verdadero cambio, alguien con experiencia y éxitos probados, ese es un líder que sin duda los representa.

Milagros de Paz

Lo adelantado en la Habana no acabará los graves problemas que tiene Colombia, pero lo acordado allí es de una trascendencia histórica: nos obliga a los que nacimos y crecimos en la guerra a vislumbrar por primera vez un camino hacia la paz.

Muchos tienen reparos porque se estaría transformando la sociedad, como si no fuera eso precisamente lo que se debió hacer desde antes de que toda esta locura comenzara. Pero el estado en 50 años no pudo derrotar militarmente a las Farc, ni dirigente alguno logró hasta ahora un proceso político que acabara con el conflicto.  ¿Justificaba eso un acuerdo que aunque imperfecto también evitara que se siguieran fortaleciendo  otros extremistas? La historia lo dirá.

Me he tomado el trabajo de escuchar y leer los planteamientos de ambos bandos, los que están con el Si y los del No. El resultado de este análisis me deja reflexiones que quisiera compartir.

Un gran sector de los promotores en contra del proceso de paz no quieren que cambie el status-quo. No les conviene: por un lado, están los que se han beneficiado económicamente de la industria de la guerra, y por el otro, los que adquirieron riquezas de manera ilegal, y en muchos casos de forma violenta. Estos últimos ahora temen ser juzgados y perder lo que nunca les perteneció. También hay sectores que de manera egoísta pretenden cosechar réditos políticos, aun a sabiendas de que lo que plantean o dicen se cae por su propio peso. Pero, lo que demuestra el fenómeno Trump es que no importa si hay inteligencia o no en las palabras o acciones de un líder, siempre existirán personas que le van a seguir ciega y fanáticamente.

Sigue un grupo no despreciable de compatriotas que tienen reservas acerca de lo acordado en Cuba que vale la pena escuchar, y que debe ser respetado. En medio de tanta polarización me pregunto: ¿porque llegamos donde estamos? Una primera mirada me lleva a concluir que el estado no solamente ha sido incapaz de derrotar militarmente a los terroristas (de izquierda o de derecha), sino que tocó negociar con ellos porque también ha sido incapaz de resolver problemas como las mafias de todos los calibres que existen en el país, así como las alianzas oscuras entre agentes del estado y grupos ilegales (lease ultraderechistas) que también han sido actores o promotores del desbarajuste que vive la nación.

Como se trata de un momento histórico, cruzan por mi mente otras reflexiones. ¿Esta el país bien o estuvo antes mejor? ¿Tenemos que seguir siendo víctimas del odio, rencor, o sórdidos intereses de los extremistas?

Existen posiciones fáciles, como que se pudo haber logrado esto o aquello, pero toda negociación trae sus dificultades que se tornan mayores en medio de la complejidad que caracteriza a nuestras gentes e historia. Nadie dijo que el proceso de paz iba a ser gratis; hay muchos “sapos”, mencionados una y otra vez, aunque agrandados por los opositores. Pero resultan cuestiones menores comparado con las ventajas que traería el acuerdo si se cumple. La lógica indica que serían más los aspectos a favor, como lo han resaltado un importante sector de la prensa, autoridades en la materia, la academia, o la misma comunidad internacional.

En medio de todo, han habido excesos que no pueden pasar inadvertidos y que merecen ser rechazados. Hemos presenciado la invasión de un sin número de mensajes por las redes sociales que tenían solo el propósito de desinformar. Se trató de una campaña difamatoria, orquestada especialmente desde la derecha ¿Es la nueva manera de hacer política? Ojalá que a la luz de los resultados, sea por el Si o por el No, se acojan y se respeten los mismos, al mismo tiempo que se desarmen los ánimos para auscultar en la solución de los verdaderos problema que afectan a la nación: impunidad, inequidad, o la misma corrupción.

Pero mucho me temo que con el plebiscito, que ratificará o no los acuerdos, se vayan a detener los ataques y argumentos para descalificar o desprestigiar el proceso por el odio hacia las Farc. Lo primero que hay que desarmar son los corazones, que es lo que lleva a esos extremos, e insistir en la práctica de la tolerancia. No creo que existan  antecedentes, ni si quiera en Colombia, en cuanto a que un proceso de paz le haya traído cosas negativas a una nación. ¡Todo lo contrario! En mi caso, es a eso a lo que le estoy apostando: no al reconocimiento político o legitimidad de un grupo que actuó de forma equivocada, sino a la necesidad que tenemos de aprender a vivir civilizadamente y a aceptar las ideas del otro, por más que difieran de las de uno, que es lo que identifica a los verdaderos demócratas. Pero sobre todo, a vivir tranquilamente y en paz. Solo así podremos llegar a un desarrollo sostenible para alcanzar algún día el país que nos merecemos todos.

Para volver a la trascendental, en el deseo de encontrar una sociedad justa y organizada, sin duda que los partidos políticos y sus líderes tiene que cambiar la manera como practican la política y trabajar mejor por el bien general. Una de las cosas que más preocupan es la ineficiencia sistémica del estado en todos los ordenes. Ese se convierte en el principal reto a superar. Creo firmemente que si los terroristas llegaran algún día al poder no seria por méritos propios, sino por la ineptitud de los dirigentes enquistados en la  corrupción. ¿Acaso eso no fue lo que sucedió en Venezuela?

Dejé para lo último una reflexión final: nunca en mis años dentro de la academia había experimentado el entusiasmo que ha despertado en los jóvenes todo este proceso. Ese cambio de actitud es de una transcendencia invaluable y, como yo lo veo, se convierte desde ya en ganancia. Los milagros que hace la paz.

Por qué Declarar Desierta la Concesión del Aeropuerto

Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz, Barranquilla. Foto: Guillermo de Alba (Tomada de Internet)
La licitación para entregar en concesión el aeropuerto de Barranquilla debe ser declarada desierta. Si la ciudad más importante de la costa, por donde nació el progreso de este país, incluida la aviación comercial de América, quiere contar con un aeropuerto de envergadura, a la altura de aeródromos como el Aeropuerto Internacional de Tocumen en Panamá, por citar solo un ejemplo regional exitoso, debe repensar y re-planificar la manera como se estructuró el pliego licitatorio para hacerlo más atractivo a empresas con experiencia internacional en el manejo y operación de aeropuertos no solo desde el punto de vista de las obras civiles que se deben acometer, que en este caso no es lo más importante, sobre esto volveré más adelante, sino que por medio de la experiencia concreta en operación de terminales aéreas se logre el modernizar, posicionar, crecer, articular, explotar y generar la riqueza que la ciudad de Barranquilla demanda.

Todo parece indicar que el gobierno nacional, por medio de la Agencia Nacional de Infraestructura en cabeza de Luis Fernando Andrade, le quedo mal una vez más a la ciudad y por ende el resultado que estamos experimentando. La falta de una estructuración más atractiva es responsabilidad exclusiva de dicha agencia y de allí el efecto que de diez empresas precalificadas solo dos presentaran propuesta, es decir el 20% de la intención inicial. ¿Porque? Varias son las discusiones, pero sin duda ese pobre resultado solo se explica por la improvisación, la ausencia de estudios coherentes y la falta de procesos estandarizados muy presentes en el concierto nacional. En ese orden de ideas, las criticas de los precalificados que descartaron presentar propuestas no se hicieron esperar: algunos han expresado que la forma como se estructuró la operación del aeropuerto Cortissoz es inviable desde el punto de vista económico.

'La historia se conoce para que no se repita', pero en este caso, lo que está sucediendo va en dirección opuesta de esa expresión. Lo que está aconteciendo con la planeada concesión del aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz de la cuidad de Barranquilla es repetitivo y escandaloso. Una vez más se improvisó y se estructuró un plan de forma errónea. Ese pobre desempeño demuestra sin duda que a la Agencia Nacional de Infraestructura le quedó grande este compromiso, que no solo dilató en el tiempo, con aquella errónea intención de querer empaquetar la concesión del aeropuerto con los aeropuertos de Neiva, Armenia y Popayán, como lo explicara en el artículo Aeropuerto a la Altura de Barranquilla, lo que llevó a que las fuerzas vivas de la ciudad iniciarán una cruzada en contra de tal iniciativa, sino que la terquedad de dicha agencia forzó a que hayan transcurrido más de treinta y cuatro meses, desde que al antiguo concesionario, también mal escogido por la Aerocivil, no le prorrogaran la concesión de la administración, luego de comprobar de forma tardía un incumplimiento sostenido. En un país serio el anterior hecho debería ser motivo de escándalo y provocar la salida del director de la agencia y los actores responsables. Confío que el presidente de la República, ante tan demostrado caso de ineficiencia, tome cartas en el asunto y concrete un cambio de rumbo en esta importante ala del gobierno nacional.

Los actores responsables, incluyendo las empresas que presentaron propuestas, sostienen que los seleccionados cuentan con la experiencia suficiente para acometer las obras civiles que se demandan, tal vez para justificar la evidente falta de experiencia en manejo, promoción y operación  de terminales aéreas. Pretenden engañar sosteniendo que lo importante son las obras civiles, para luego subcontratar a un operador. Absurdo! El tema es precisamente al contrario: un operador con experiencia debe tener la capacidad de efectuar la planificación estratégica que se demanda para una operación efectiva y por medio de esta subcontratar a las empresas que han de adelantar las obras civiles requeridas. Seria aun más escandaloso que esta concesión se la adjudicaran a Concesionaria Aeropuertos Colombia SPV, una de las dos firmas que presentaron propuesta, que cuenta entre sus socios con la participación de Valorcon S.A. empresa de la casa política de la familia Gerlein, con lo que tal vez se estaría realizando el pago de favores políticos. No olvidemos que fue uno de los grupos que defendió la reelección del presidente Santos.

El historial de Valorcon S.A. (empresa dedicada fundamentalmente a contratar con el estado) es amplio, como quiera que le han adjudicado, producto de su influencia, un importante número de contratos a lo largo de su historia. Y no es que estemos en desacuerdo conque empresas con tal influencia se ganen contratos. El resultado de su amplia experiencia debería ser prenda de garantía para la buena ejecución y desarrollo de obras, pero este no es el caso. A dicha empresa por ejemplo le adjudicaron recientemente la ampliación de la carrera  51B en Barranquilla. Para nadie es secreto que el desarrollo de tales trabajos fue un caos total, donde se evidenciaba improvisación, falta de planificación, falta de sistemas estandarizados, y sobre todo, ausencia de calidad. Solo dos meses después de "entregada" la obra a dicha empresa le han ordenado demoler mas de 120 losas de concreto que conforman el pavimento rígido por problemas de calidad. Sin duda, y con tantos años de experiencia, no cuentan con un sistema que integre una ejecución ordenada de los trabajos de forma planificada y estandarizada, y donde prevalezca un buen sistema de control de calidad.

Luego de casi veinte años, cuando se inicio en el país el proceso de entregar la administración de los aeropuertos a terceros, no se conoce una labor y una ejecución efectiva con el propósito de lograr un concesionario de envergadura por parte del gobierno central. Todos estos argumentos nos obligan a concluir que Barranquilla se encuentra lejos de un estadio ideal en el objetivo de alcanzar un buen operador que ayude a explotar de la mejor manera el aeropuerto de la ciudad, sin olvidar el desarrollo del entorno que aquello implica; pero sobre todo que ayude en el proceso de situarla en un escenario importante dentro del contexto internacional, precisamente por el potencial de la ciudad como capital de los TLCs, sus características,  situación estratégica y posición geográfica. Sin duda esta licitación no salió bien, y toca arrancar de ceros.

Aeropuerto a la Altura de Barranquilla

Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz. Foto: Internet
La decisión de la Aerocivil de empaquetar la concesión del aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz de Barranquilla junto con los aeropuertos de Armenia, Neiva, Popayán y Cartago fue una mala noticia para la ciudad, la cual produjo varias reacciones de rechazo. Entre ellas, una por parte de la alcaldesa de Barranquilla Elsa Noguera; aunque esa opinión llega un poco tarde. Sobre esto volveré más adelante.

Repasando las paginas de la historia de Barranquilla, llegan a la memoria los recuerdos de lo que le ha costado a la ciudad, y en general a esta parte de la región del país, alcanzar obras importantes, como el puente Pumarejo que cruza el rio Magdalena (el mismo que tienen que demoler ahora para permitir la troncada navegabilidad sobre el rio), el estadio metropolitano o el mismo aeropuerto Ernesto Cortissoz, por citar solo tres ejemplos. Antes de que estas importantes obras se dieran, fueron muchas las torturas que tuvimos que vivir los habitantes de esta región del caribe para trasladarnos hacia el interior del país, ya sea por vía aérea o terrestre, o presenciar un partido de futbol del amado Junior. Estos ejemplos demuestran lo lesivo como se ha dado la administración de país, caracterizada por un centralismo que de una u otra forma se responsabiliza de la insipiente infraestructura, o deficiente desarrollo de la mayoría de los municipios de la región.


Mi padre, quien por muchos años tuvo la oportunidad de ofrecer sus servicios en la Aeronáutica Civil con asiento en Barranquilla y dedicar importantes conocimientos, caracterizados por una ejemplarizante disciplina y gran creatividad, fue testigo de exención de cómo todas las disposiciones eran tomadas desde los escritorios en Bogotá. Me recuerda él que hasta para cambiar un tornillo muchas veces la autorización tenia que venir de la capital, y que en varias administraciones de la dirección central la desidia era tal que los equipos que requerían pequeños mantenimientos para garantizar tan solo un correcto funcionamiento eran puestos a tope, sin el mantenimiento necesario, hasta que fallaban, y para siempre. Supongo que no es difícil imaginar que alcanzar el remplazo se convertía en una tarea titánica, que en numerosas ocasiones traía como resultado solo una respuesta: que nada pasara.


La ciudad donde nació la aviación comercial de América ha tenido que sufrir virulentas administraciones, improvisaciones y malas decisiones que desde el gobierno central se toman, como la reciente, por fortuna para la ciudad, liquidada concesión que durante los últimos 15 años mantuvo la empresa Aeropuertos del Caribe S.A. (ACSA), quienes no solo incumplieron el contrato, sino que prestaron un mal servicio. Para muchos de los que transitamos por esa importante terminal ha sido incomodo experimentar que el aire acondicionado nunca ha funcionado bien, sin contar con las deficiencias, poco denunciadas, de los equipos aeronáuticos y que han puesto en riesgo la vida de todos.

En los últimos 15 años, en el otrora más moderno aeropuerto de Colombia, se ha mantenido la tendencia de los suplicios a los que no nos acostumbramos, y todo parece indicar que la historia se iba a volver a repetir. Empaquetar el aeropuerto con los pequeños aeródromos arriba mencionados tendría consecuencias negativas que no se pueden desconocer.


Mientras que el movimiento en el año 2011 en los cuatro aeropuertos pequeños suma 703,040 pasajeros con el 29.33% (Armenia 306,867 ó 12.80%, Neiva 290,010 ó 12.09%, Popayán 93,412 ó 3.90% y Cartago 13,051 ó 0.54%), el de Barranquilla en cambio movilizó 1,694,751 con el 70.67%. Es decir que la suma de los cuatro aeropuertos pequeños es menor al 30% del total de lo que mueve Barranquilla.

Sin mencionar el movimiento de carga que ronda en similares porcentajes, lo anterior coloca a la Puerta de Oro de Colombia en una desventaja inocultable. Este solo análisis demuestra el desequilibrio de la propuesta, y fácil es concluir que Barranquilla iba a terminar subvencionando la operación e inversiones que requerían los otros.

El rechazo de la alcaldesa llega de forma tardía, como señalara arriba, porque es una grito que debió darse 20 años atrás, o más, y cuando se hizo evidente las malas políticas que en el caso de la administración del aeropuerto se hicieron manifiestas.

Solo en el campo de la aviación comercial, la ciudad se encuentra en un rezago histórico e inconsecuente con la tradición y vocación innovadora de sus inicios, que ha influido en el deterioro económico de la región.


Eso no es lo que necesita Barranquilla. La tendencia de los nuevos aeropuertos es utilizarlos no solo como medios de transporte, sino como centros de recreación y comercio. Para ello se requiere de liderazgo. Y si de operaciones se trata, a juicio de los expertos, el Cortissoz es un aeropuerto totalmente subutilizado.

La política de centralizar todo llevó por ejemplo a la compañía Avianca, que mantuvo desde sus inicios los talleres de mantenimiento de sus aeronaves en la ciudad, a trasladarlos a Bogotá, aun cuando a juicio de los expertos es mucho mejor, por el tema del rendimiento de los motores, tenerlos sobre el nivel del mar, como sucede con las principales aerolíneas del mundo. Esa decisión se llevó consigo no solo un patrimonio histórico, sino una importante fuente de trabajo.

Lo anterior tiene por supuesto antecedentes anclados en la falta de liderazgo y visión de la dirigencia local, quienes entre otras debieron ofrecerle a dicha compañía incentivos, planes coherentes y hasta exenciones tributarias para mantener en la ciudad tal legado.

Estamos en mora de que la sociedad civil, gremios, y en general todas las fuerzas vivas, asuman un liderazgo más activo, creativo e integrado en defensa de los intereses de la región, así como de exigirle al gobierno central, en virtud de su dominancia, la generación y ejecución de proyectos coherentes, articulados y ambiciosos; más aun cuando la ciudad se sigue proyectando como la capital de los TLC’s en Colombia. Esta sería una manera impele de desplazar a la clase política que, para nadie es secreto, ha estado plagada de altísimos grados de corrupción.

La ciudad se viene también posesionando como una ciudad turística. ¿Podría hacerlo de forma ávida con la infraestructura actual? Para responder lo anterior habría que preguntarse ¿porque la dirigencia de Barranquilla no ha asumido el liderazgo para recuperar la navegabilidad sobre el rio Magdalena? Siendo una de las grandes obras que requiere el país, este objetivo posicionaría a Barranquilla en concordancia con su especial ubicación geográfica y a la altura de ciudades como Baton Rouge o New Orleans, ubicadas sobre la rivera del rio Mississippi, y que deben su dinamismo económico gracias a esa localización estratégica y territorial.


Si bien en la actualidad se vienen adelantando obras como la Avenida del Rio, la cual corta la tendencia de vivir de espalda a la vía fluvial más importante con la que cuenta el país, también subutilizada, primordial es resaltar la necesidad de hacerlo sobre la base de ir articularlo políticas coherentes que sean atractivas para el turismo, el comercio y la industria en general. Entre otras obras importantes por realizar se encuentran la recuperación del corredor férreo de Bocas de Ceniza o el muelle de Puerto Colombia, testigo este último nada menos que de la inmigración europea que inyectó con su cultura la rica historia de nuestro país. Caracterizados como hitos turísticos en el pasado pero que fueron abandonados a su suerte, estos dos ejemplos de recuperación requieren de planes de renovación urbanística que traerían a muchos visitantes, en sintonía con la vocación turística que se busca consolidar.

Desde estas líneas hago un llamado a las fuerzas vivas de la ciudad para promover y proyectar un aeropuerto a la altura de la ciudad más importante de la costa caribe colombiana, al cual le cabe también un plan de renovación urbanística que incluya en su entorno hoteles y centro de negocios a la altura de las principales capitales del mundo. Lo que le ha sucedido históricamente al aeropuerto internacional de Barranquilla no le hace honor al empresario y hombre emprendedor que fue Ernesto Cortissoz, por quien lleva su nombre, quien además participó activamente de esa multiplicidad negociadora que caracterizó a Barranquilla y a su élite empresarial a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Habra que ver si las presentes y futuras generaciones somos capaces de articular esfuerzos de cara a los retos por venir.

El Asesor y El Candidato

En el último mes y solo después de que el profesor Antanas Mockus comenzara a encabezar las encuestas de opinión como el próximo presidente de Colombia, hemos presenciado la contra-avalancha desatada con el propósito de desprestigiarlo y con ello detener su ascendente favoritismo, que de haber continuado como iba seguramente lo hubiera colocado como presidente electo en primera vuelta. La andanada de falsos argumentos, calumnias, tergiversación de conceptos y mentiras utilizados por los simpatizantes de Juan Manuel Santos, el candidato cercano en la intensión de voto, solo nos refuerzan la teoría de lo que muchos son capaces: no importan los métodos, con el fin de alcanzar los resultados.

Es precisamente a esos métodos y argumentos a los que el país no le puede seguir apostando, porque son procedimientos íntimamente ligados al subdesarrollo en el que el país, y en general América Latina, se encuentran anclados. Muchos hablan de un asesor internacional que importó la campaña de Santos como el artífice de la guerra sucia desatada, o por lo menos el que ha sabido articularla de forma exitosa. Sería un mérito que hay que reconocerle, que parece salido de las escuelas del presidente Chavez por la ausencia absoluta de ética. Sin embargo, los éxitos del hoy asesor, tanto en Colombia como en otras partes, solo son viables en países con bajos índices educativos. A mi juicio, lo que mejor sabe explotar el ilustre personaje.

La falta de educación en general es una realidad que no podemos ocultar, claramente palpable en los foros de opinión que inundan el internet hoy por hoy. Mientras uno lee los comentarios que escriben las personas después de un artículo en periódicos como El País de España, The Guardian de Inglaterra o The New York Times de Estados Unidos, donde se expresan conceptos estructurados, civilizados y respetuosos, en Colombia sobresalen la falta de cultura, cargada de una alta dosis de intolerancia y vulgaridad. Por ello, es cierto que el éxito en países desarrollados por parte del mencionado asesor seria inexistente, porque las técnicas utilizadas solo adquieren relevancia en países como el nuestro.

Ahora bien, no critico la importación como tal de asesores, que por su experiencia internacional y conocimientos deben ser prendas de garantía para enriquecer un debate electoral: uno supone que cuando se busca una asesoría de ese tipo es para elevar el nivel de las discusiones con argumentos profundos. Desafortunadamente, y por lo visto hasta ahora, ese no ha sido el caso.

Un hecho que llama la atención es que ninguna de las expresiones expuestas y tácticas de desprestigio utilizadas hasta ahora han sido argumentos que ameriten un análisis serio.

Colombia tiene problemas de fondo que necesitan ser resueltos por lideres comprometidos y honestos, y no por "herederos" que ni personal, ni institucionalmente se han comprometido, ni sacrificado, ni demostrado nada distinto o diferente a la cultura parasitaria que le ha hecho tanto daño a la nación.

Los que creen que el país reculará en materia de seguridad y por tanto intentan explotar el miedo como argumento para no “retroceder” se equivocan porque lo peor que le puede pasar a Colombia no es eso, sino aquello que no ataque la base fundamental de nuestros males.

La cultura de la trampa, lo fácil, tolerancia a las mafias y los extremistas por primera vez en la historia de Colombia están amenazados: se podría decir que los corruptos y las grandes mafias políticas y no políticas tienen sus jornadas contadas. En pocos días, Colombia respirará un aire distinto de justicia, de cultura, de educación, de progreso y de cambios estructurales que nos afectaran positivamente, y para toda la vida.

La mayoría del pueblo Colombiano sabe quien representa ese cambio y no creo que se vaya a dejar confundir en su libre y soberana decisión.

Hipótesis contra Mockus


Cuando de desprestigiar se trata, muchos son los que se alinean con tesis prefabricadas que se fundamentan en la mentira para confundir a los electores. Soy poco dado a responder expresiones falsas porque entre más importancia, mayor publicidad a causas que se deben caer por su propio peso. Pero ante el artículo publicado por Plineo Apuleyo Mendoza recientemente y que titula Fenómeno de Aluvión, no pude evitar contener impulsos intelectuales por la parcialidad del importante y reconocido escritor.

Evidentemente todo es factible de distintas interpretaciones, pero no pasa desadvertido el esfuerzo del autor por lograr una interpretación acomodada a los intereses que defiende y protege. Afortunadamente, las herramientas modernas permiten desvirtuar planteamientos mentirosos, deteniendo de forma automática su negativa influencia intelectual.

No es cierto que el fenómeno de la Ola Verde no tenga antecedentes en Colombia: Alvaro Uribe llegó al poder no solo gracias al ofrecimiento de la seguridad democrática, producto del frustrante capitulo del Caguan, sino a sus promesas de reducción del congreso, la eliminación de las contralorías y tantas otras que no pudo cumplir y que tenían como objetivo combatir la corrupción. ¿No las cumplió porque la clase política corrupta se lo impidió? No, creo que no lo logró porque no supo o no quiso asumir los riesgos que aquel gran reto demandaba y por el contario se unió al engranaje de aquellos para que en un acto de corrupción compartida le aprobaran, como la historia y la justicia comprobaran luego, una reelección y un referendo para reelegirse por segunda vez: ambos viciados y cargados del pago de costosas facturas con cuotas burocráticas, subsidios y contratos.

El acceso al poder con vagas y generosas ofertas tiene antecedentes históricos y en nada se asemejan a una tendencia moderna. Lo viejo, y principal problema que todavía rodea a nuestras sociedades, es la corrupción, y todos sin excepción llegan con la promesa de combatirla. Los tiempos han cambiado y gracias a los avances en las comunicaciones y a la globalización, las personas cada día están más informadas, por tanto, saben que lo nuevo, por un lado, es el ascenso de líderes que en el pasado no tuvieron posibilidad alguna de acceder al poder, y por el otro, a los cambios o incapacidad de las políticas de Washington, agobiado por sus propios problemas internos, para contrarrestar o neutralizar, en razón de su liderazgo, fenómenos que afecten las democracias.

Para sustentar su tesis, el columnista utiliza el descrédito del presidente Chávez para dirigir la onda de desprestigio contra Mockus, sembrando hipótesis falsas que parten de imaginarios solo aplaudidos por los extremistas e ingenuos que vuelven ciertas conjeturas como esas, y alimentando la parasitaria cultura política en un sentido integral. Utiliza un supuesto negativo no porque no se sepa que el candidato del partido verde es un hombre de buenas costumbres, sino porque el propósito es poner en duda su buena imagen.

Hay posiciones políticas que están atadas a idearios extremistas, como las que recientemente se descubrieron en la mal llamada “Central de Inteligencia” del país. Dicho organismo, en lugar de atacar la delincuencia organizada de forma determinante y frontal como es su obligación, invierte los recursos que pagamos los colombianos en escandalosos procedimientos, que en el caso particular, son una muestra clara de las políticas de extrema derecha insertas en la cultura nacional.

No es coincidencia que varios de los anteriores directores de dicha institución se encuentren en el ojo del huracán con investigaciones abiertas por prácticas que enlodan la imagen del país y que van en abierta violación a las libertades individuales e irrespeto a la privacidad; asentadas en el derecho internacional y la constitución colombiana. Se trata de una práctica sostenida que seguramente tiene raíces históricas, y calificada como de delincuencia institucional.

Se sabe ahora que se utiliza la legalidad del aparato estatal para desprestigiar o enlodar la imagen de colombianos de bien y sembrar semillas con el propósito de mal informar y engañar a las personas. ¿Qué tanto la imagen favorable del actual presidente es el producto de la distorsión y el montaje, como se desprende de las investigaciones reveladas, cuando se supone que las ordenes venían desde el mismo palacio presidencial? Los grupos radicales, tanto de un bando como del otro, en nada contribuyen al desarrollo del país. Actúan en la clandestinidad cometiendo toda suerte de atropellos. Están convencidos que lo hacen por el bien del que mal llaman Estado, cuando en realidad lo hacen para proteger y defender intereses particulares.

¿Es el precio que tienen que pagar las sociedades para proteger a unos pocos en perjuicio del bien general? Por supuesto que no: las sociedades modernas no le temen a lo nuevo, ni a lo distinto. Y los jóvenes con su gran capacidad de sueños, su compromiso incondicional y posiciones alejadas de la contaminación son autores imprescindibles del cambio.

Los colombianos libres y de buenas costumbres que nos hemos alineado con la avalancha liderada por Antanas Mockus no lo hacemos porque nos parezca que este tenga tendencias a alinearse con el presidente venezolano, sino porque el primero ha demostrado en su vida pública actos positivos y transparentes. Es un hombre honesto, eficiente con gran capacidad de imaginación, como señalara recientemente Henry Mance en el prestigioso periódico europeo ‘The Guardian’. Sus logros son contundentes e irrefutables y es lo que aviva la posibilidad de cambio. Es un hombre de principios y políticas por fuera del esquema tradicional necesarias para modernizar al Estado.

Es el resultado de los que nos reusamos a aceptar el statu quo persistente, y porque es posible soñar, creer y construir una sociedad mejor.

Derrotemos la Apatía

Siempre he creído que es posible construir un mejor país. Un país donde seamos capaces de aceptarnos unos a otros, independientemente de las posiciones ideológicas, alejados de la violencia, los odios y la corrupción. Un país de progresos reales, equilibrio sostenido, ambicioso pensamiento de sus integrantes, y educado.

Nunca nos ha hecho bien el conformismo tajante en el que caen muchos compatriotas que, enceguecidos por las tinieblas, enarbolan banderas con falsos argumentos y que creen las mentiras de la mayoría de nuestros dirigentes, políticos y personas con poder. Los colombianos libres y de buenas costumbres somos mayoría. Creemos que es posible construir un mejor mañana, y que una justicia solida es la mejor herramienta para juzgar y condenar a aquellos que manipulan a su conveniencia y se roban impunemente a la nación. También somos mayoría los que creemos y sabemos que los cambios que requiere Colombia no son de forma, sino de fondo, y que los malos hábitos se pueden para bien erradicar.

Derrotemos la apatía: elijamos en primera vuelta en este momento histórico al único que representa los cambios estructurales que reclama la patria. No hago este llamado por conveniencia, sino por convicción. Elijamos presidente a Antanas Mockus por el bien de nuestros recursos, de nuestras vidas, de nuestro futuro, y por el bien del crecimiento integral de la nación. Que así sea.

El Diseño, como Eje Articulador de la Sociedad

El buen diseño urbano influye y mejora la calidad de vida. Foto Cortesía 
Muchas de las decisiones para el normal desarrollo de las sociedades que conduzcan al mejoramiento de la calidad de vida y a la solución de sus problemas más coyunturales no son difíciles de tomar y, sin embargo, los administradores públicos, al desconocer en gran medida la historia y origen de los inconvenientes, se dan a la tarea de emprender proyectos ambiciosos que no corresponden ni se sitúan con la realidad, lo que al final se convierte en una frustración más. Tropezar con dificultades es inevitable, pero fracasar en el reconocimiento de las mismas no lo es.

Insistir en esquemas como los que han caracterizado el desarrollo de sociedades como las que predominan en América Latina es hacerle culto a la mediocridad. No podemos pretender, y mucho menos soñar, un futuro mejor si antes no se comprenden las causas generadoras del actual caos, y si no se adelantan los programas que permitan dar con las luces necesarias para su radical solución.

La corrección de los rumbos y los cambios que inaplazablemente se tienen que dar en los países en vías de desarrollo deben tener un compromiso profundo de todos aquellos con las responsabilidades para producir vitales decisiones, y la incondicional colaboración de todos los actores de la sociedad.

Es necesario emprender una serie de planes y proyectos con características prioritarias, orientados a resolver las agudas complicaciones que persisten en las ciudades, y articular programas de ordenamiento básico, que le den piso al desarrollo sostenido de un buen urbanismo, es decir, la relación mancomunada de todos los elementos básicos que componen la ciudad, desde el ordenamiento del espacio, hasta la interacción comprometida y civilizada de sus habitantes.

La articulación de los distintos componentes para colocar a las ciudades de los países en desarrollo en plataformas de progreso sostenido, en general, se presumen extensos y costosos. Lo anterior se agudiza aun más con la implantación de normativas poco dinámicas y la incomprensible falta de visión de ir resolviendo lo particular para finalmente llegar a lo general. Existen varios estudios que marcan lineamientos o caminos de cómo iniciar las reformas. Las políticas para un mejor funcionamiento de los centros urbanos, que contribuyan no solo con un buen urbanismo, sino con la estética, y a partir de allí patrocinar una mejor calidad de vida, debe contener los siguientes siete elementos:

1. Diseño de las Vías: No se necesita ser un experto para entender que una de las causas de la baja movilidad en las ciudades y la congestión vehicular radica en el hecho no de una deficiente malla vial, como siempre se ha dicho, sino fundamentalmente a problemas de diseño. La ausencia de este último, que es lo que predomina, es uno de los factores principales que patrocinan la indisciplina, tanto de conductores como de transeúntes. Un buen diseño permite no solo un mejor fluido, sino la base para empezar a derrotar la desorganización. Las inversiones en obras públicas de infraestructura que las ciudades emprenden no tendrán éxito si estas no incluyen estrategias de diseño que respondan a una óptima solución.

2. Transporte Público: El caos en la movilidad al interior de las ciudades pasa en primera instancia por la institucional desorganización del transporte público como tal. Contiene un agravante y es el hecho de que la indisciplina de los conductores de este servicio cada día se traslada a los conductores privados. Para comenzar, las rutas de los buses no pueden ser una apología de recorridos tipo espagueti al interior de toda la ciudad. Estas deben ser lineales, desde un punto A hasta un punto B. En los puntos de inicio y de finalización deben existir terminales tipo portal. En esos puntos, como en algunos puntos intermedios donde se deberán instalar también terminales de menor escala, se le debe permitir al usuario realizar los transbordos o cambios de ruta necesarios de forma ágil. Así mismo, las paradas a lo largo de cada ruta, deben contener paraderos visibles, bien demarcados, los cuales deben contener tres elementos fundamentales y que son la causa por la cual los paraderos existentes son inoperantes:


Información sobre el número de ruta o rutas que hacen su parada allí.

Un mapa de cada ruta.

Un mapa de la ciudad que informe no solamente sobre sitios de interés, sino el dibujo de las distintas rutas que recorren la ciudad, incluido el transporte masivo.

Lo anterior no significa que todas las rutas deben estar en un mismo paradero, sino que cada paradero atenderá tanto número de rutas como el flujo de buses y usuarios lo permita. Con lo anterior, se entregan las bases para un uso eficiente de las paradas. Solo después de lo anterior se podrá exigir que su uso se haga de forma obligatoria.

3. Señalización Vertical y Horizontal: Sin duda, la falta de una adecuada señalización, tanto horizontal como vertical, que ayude a orientar en la forma debida hacia un destino final, es una de las causas que obliga a que los vehículos permanezcan en la vía más tiempo del necesario, lo que contribuye al problema de la congestión. Un conductor que no encuentra información de cómo llegar a una vía, o por donde salir para encontrar su destino por problemas de diseño y falta de señalización, en la primera oportunidad que tenga cometerá una infracción. La ausencia de lo anterior es otro de los detonantes que propicia la incultura, el irrespeto de las normas y la indisciplina general.

Un buen diseño y sistema de semaforización es vital para lograr reducir los tiempos de circulación. En esto debe existir coordinación, planificación y un adecuado mantenimiento para conseguir los mejores resultados.

4. Elementos Urbanos: La estandarización y el diseño se convierten en la columna vertebral en las estrategias de solución. En este tema han habido avances. Hay que reconocer la labor emprendida por el Taller del Espacio Público de la ciudad de Bogotá. Falta, por ejemplo, que se estructure como una política a nivel nacional. Los componentes del espacio público, sin lugar a discusión, deben ser estandarizados, estratégicamente planeados y localizados. La adecuada incorporación de estos elementos son la guía para eliminar malos hábitos, y una de las mejores herramientas para la implementación del control.

5. Espacio Público: Uno de los éxitos que sobre este tema se ha tenido en los últimos años, especialmente en la ciudad de Bogotá, pasa por la incorporación de un elemento que permaneció ausente en los programas anteriores: el diseño. Dentro de los avances se destacan el hecho de devolverle a los peatones el uso de los andenes y un orden espacial. Persisten algunos errores que tendrán que irse depurando, como la existencia de obstáculos que propician accidentes, pero en ese campo es donde más se ha avanzado y los resultados son visibles.

EL espacio público, de otro lado, no puede ser entendido como un elemento rígido, que era como anteriormente se construía, sino como un espacio dinámico que está en permanente evolución, tanto superficialmente como en lo subterráneo. Así las cosas, debe ser pensado para atender las demandas propias de las ciudades en movimiento sin perjuicio de sus componentes constructivos y bajo traumatismo de los transeúntes.

6. Educación y Control: Se cree que el Talón de Aquiles de los pueblos en desarrollo es la baja educación. La implementación de planes que exijan un compromiso de todos los autores de la ciudad fracasaran si antes no se emprenden y se sostienen campañas educativas que propicien un uso civilizado de ella como tal. Este es un tema bastante complejo en donde, por lo menos desde la perspectiva colombiana, poco o nada se viene adelantando.

Se hace necesario emprender campañas de respeto de los unos por los otros, el respeto de las normas, el respeto y el uso adecuado de los espacios y sus componentes. Robarle el espacio a alguien para intentar llegar primero es automáticamente un acto de deshonestidad y corrupción. Aquellos que utilicen esa filosofía, pisoteando y creyéndose privilegiados, logran que nos convirtamos todos en perdedores, sin excepción. Es indispensable educar para que las personas piensen en grande. Lo anterior, debe concebirse dentro del marco de una estrategia nacional para elevar los niveles de educación, tolerancia y convivencia ciudadana que nos lleve, entre otras, a eliminar la agresividad de los conductores y la indisciplina generalizada. Prácticamente se hace necesario la creación de un manual para el buen uso y comportamiento dentro de la ciudad. Se debe tener claro que cuando se llega a una ciudad el comportamiento es distinto, lo cual implica un proceder ejemplar.

De otro lado, para todo se necesita que exista control. En ese sentido, las autoridades competentes deben cambiar la actitud de indiferencia e impunidad imperantes, que demuestra una sostenida rigurosa falta de autoridad. En gran medida, una de las razones por la cual los ciudadanos cometen infracciones es por el hecho mismo que saben de antemano que nada les va a pasar. Eso tiene que cambiar. Todas las sociedades organizadas del mundo consignan en el principio de autoridad el éxito de las políticas y estrategias de control. En esto no debe existir lasitud y resignación. Quien cometa una infracción debe ser castigado ejemplarmente, y sin excepción.

7. Instituto de Estandarización: Los países como Colombia, están llenos de normas que no se cumplen y en general las distintas dependencias públicas son ineficientes, de costosa operación, que poco solucionan y cuando lo logran es mediocremente mal. Desde la óptica de estas dependencias, no existe coordinación entre una y otra, y como tal, la desorganización que impera es casi total. Actúan como ruedas sueltas, lo que trae como consecuencias improvisaciones y planeaciones costosas que al final se pierden en la nada.

La manera como esto se soluciona es a través de la creación de un instituto de estandarización que tenga como misión llevarnos a una Política Tecnológica de Estado. Las dependencias encargadas de la ejecución del gasto deben ser organismos pensados para planear las necesidades por solucionar, y dentro del mejor esquema gerencial. Mantener profesionales al interior de estas dependencias para que produzcan soluciones de diseño es inadecuado, costoso y muchas veces inconsistente con la realidad. Esa labor la debe emprender el Instituto de Estandarización que como organismo especializado no solamente deberá contar con diseñadores expertos, sino que debe ser el cuerpo rector donde se articulen las distintas especialidades, se visionen y diseñen todos los proyectos y se preparen todos los documentos de construcción, incluidas las especificaciones. La idea es derrotar la improvisación, descoordinación entre las distintas dependencias y reducir los costos de operación.

Debe ser un organismo interdisciplinar, eminentemente técnico y blindado contra la politiquería, donde se produzca los lineamientos que nos sitúen en el mundo globalizado actual. Además, impulsar el avance, la producción, las normas y los estándares con el fin de alcanzar una normatización que nos conduzcan a organizarnos como sociedad.

Deberá además, articular todo lo necesario para que muchos de los elementos tanto de diseño como de construcción se estandaricen (estandarización de componentes) en procura de una mejor calidad. Debe producir normas y estándares para que no se sigan construyendo por ejemplo clínicas sobre vías principales que no cumplen con los aislamientos ni barreras necesarias, ni solucionan debidamente los parqueos con las conocidas consecuencias que aquello tiene para el tráfico automotor.

Hemos gastado tiempo, energías y todos los presupuestos en sistemas que simplemente no funcionan, que alimentan el subdesarrollo y que poco, o tal vez nada, contribuyen al progreso.

Las recomendaciones arriba anotadas persiguen controlar la enfermedad que agobia a las capitales. Se dan así bases sólidas que nos habrán de posicionar en el carril adecuado para emprender la tarea de actualización y proyección hacia un progreso sostenido, sin mas espera, y con la unica visión de una sociedad justa, amable y organizada.

Las Ciudades También Mueren

Vista Torres del Parque, Bogotá, Arq. Rogelio Salmona. Cortesía
El diagnostico más pesimista señala que seguimos siendo una sociedad caótica, y lo peor es que no se están tomando las medidas para dejar de serlo. Estamos más preocupados en reelecciones o reformas a la justicia con intereses no muy claros, y poco en inyectarle a la sociedad las políticas, las reformas y los cambios primarios y esenciales que como sociedad civilizada debimos haber emprendido muchos años atrás. Es verdad que nuestra sociedad adolece de sistemas para hacer cumplir las leyes de forma ejemplar y blindajes contra los poderosos y corruptos. El efecto contrario es mayor injusticia, incluida la social. Con el desprestigio que los caracteriza, es mucho pedir que los Padres de la Patria den ejemplos de grandeza, servicio y entrega en pos de los intereses de la nación. Sin embargo, es posible; y lo será aun más cuando el interés general prevalezca sobre el compromiso particular de privados intereses. Lo será aun más, cuando se trabaje por los temas esenciales y primarios que reclama la nación. Es posible. Solo hace falta liderazgo, ambición de pensamiento y acción.

Es un hecho que la crisis que vive Colombia tiene en la actualidad mayor connotación en la capital de la república. La principal ciudad del país es hoy por hoy una ciudad enferma, en caos, que requiere de medidas urgentes, y de fondo, para aliviar sus males.

Aunque el anterior diagnóstico parece bastante pesimista. La verdad es que la otrora Atenas Suramericana, a pesar de respuestas puntuales, enfrenta un deterioro sostenido desde el punto de vista estético y urbanístico, así como un desmejoramiento importante en la calidad de vida que contribuye de una u otra forma al escenario de violencia que vive la nación.

Desde el punto de vista del funcionamiento urbano, son variadas las razones insertas en las dificultades de las ciudades del país suramericano, y amplísimas las consideraciones patológicas que se desprenden de cada uno de sus males. Sin embargo, a pesar de que en todos y cada uno de sus diagnósticos se puede estar de acuerdo en el sentido de que “no hay nada nuevo bajo el sol”, en realidad las soluciones elementales de los problemas que las aquejan no se han emprendido y mas pareciera ser cierto la sentencia en el sentido de que las ciudades literalmente se detuvieron en el tiempo, salvo puntuales excepciones, para no progresar de acuerdo a su ininterrumpido palpitar.

La causa de esto tiene su principal origen, por un lado, en la improvisación, aplicando la prueba y el error, de casi todos los planes de desarrollo que se ponen en ejecución. Por lo general, esos planes carecen de estudios serios, técnicos y de viabilidad, Por el otro, a la falta de políticas claras en materias como las normas de infraestructura y de urbanismo, con las que debe contar toda ciudad. Por último, pero no menos importante, a la ausencia indiscutida de una “política tecnológica de estado”. Al señalar esto, no nos referimos a las políticas de otros estados que son las que se han venido aplicando, sino a las que se deben desprender de los estudios que el país debe acometer en la búsqueda de soluciones, basados en las particulares características de cada urbe, que por ninguna razón deben ser copias de alguna otra de la geografía mundial.

Las administraciones locales que han ejercido y que ejercen el poder de administrar los destinos de las ciudades y la protección de los intereses de la población incurren una y otra vez en los mismos vicios, con un agravante que no debería pasar inadvertido: falta de definición de prioridades en la solución de los problemas fundamentales, específicamente en lo que tiene que ver con el tema de la planeación, estandarización y ejecución de proyectos y obras públicas a nivel general.

No pretendo descalificar la ambición de planes y/o proyectos, como el Sistema Integrado de Transporte Masivo, al cual se le da especial énfasis, sino resaltar la omisión en acometer obras prioritarias, previas a la ejecución de planes como el anterior. La omisión en la construcción de esas tareas indudablemente que contribuye a aumentar el caos y crecimiento desorganizado, que es lo que se percibe como constante nacional.

Es indudable que el caos tiene su origen en la falta de orden, pero también es cierto que cualquier programa o proyecto que se pretenda implementar fracasará si antes no se toman medidas tendientes, por un lado, a corregir o remplazar los programas que han fallado, y por el otro, a preparar los escenarios que le garanticen a los nuevos no un éxito efímero, sino duradero en el tiempo, y como ejes estructurales de progreso. Se hace imprescindible establecer los marcos legales que le den viabilidad dinámica a los planes, dentro de una moldura de estandarización y regulación que preserve el orden y elimine la improvisación. No deben quedar anclados a la voluntad de una administración o dirigente en particular, sino al marco de un proceso sostenido que responda a las necesidades más elementales y que nos aleje del estancamiento mental e intelectual en el que nos encontramos.

Que podríamos lograr a cambio? Pues ciudades más ordenadas, donde el tránsito vehicular no sea un elemento agresivo, sino parte amable e integral de un sistema, mejorar el diseño y calidad de las vías que inviten al respeto de las normas y a reducir los tiempos de circulación. Se gana también en transformar ciudades estresantes en ciudades que propicien el civismo y la educación. Se gana en competitividad, en el respeto de los unos hacia los otros, y en la integración ordenada de todos los componentes que conforman la ciudad. Es viable y si es posible. Se requiere solo de voluntad para poner en práctica los programas y la participación decidida de todos. Esta combinación nos llevará, sin lugar a discusión, al logro de las transformaciones que reclama a gritos la sociedad.

Los profesionales que tenemos participación y/o injerencia en estos temas tenemos la obligación de realizar una práctica profesional responsable que ayude a orientar, por un lado, a aquellos con el poder en la toma de decisiones, y por el otro, al publico en cuanto a la necesaria participación y contribución en el campo de las ideas, así como en el respeto de sí mismo y el de los demás. Las ciudades mueren cuando sus integrantes abandonan actitudes positivas, en contra del beneficio general, y se alojan como entes activos del caos y la desorganización.

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